Aprender a pedir ayuda (truco 8)

Una buena relación se basa en la comunicación. Y una buena comunicación se basa en la sinceridad. Por eso, para que existan buenas relaciones (familiares y de amistad) es fundamental que aprendamos a expresar nuestros sentimientos y necesidades.

A menudo pensamos: “con lo cansada que estoy ya podía mi pareja ayudarme más” “ya podían los abuelos llevarse a los niños una tarde” ” a ver si los niños recogen un poco”. Y pensamos que es tan evidente que debería pasar por sí solo. Así que, cuando no pasa, nos sentimos resentidas con ellos.

Pero no sabemos lo que pasa por la mente de los demás, al igual que nadie sabe lo que pasa por la nuestra. Y, aunque la empatía consiste en ponerse en el lugar del otro, no siempre ocurre como queremos.

En ocasiones, sí llegamos a decirlo en voz alta: “cariño, necesito más ayuda por tu parte”, “abuelos, cuando queráis os podéis llevar a los niños a pasear”, “niños, tenéis que ayudar en casa”. Y cuando no ocurre, nos frustramos aún más y nos preguntamos ¿qué pasa? ¡si ya lo he pedido!

Sin embargo, esto tampoco es buena comunicación. Dependemos de nuevo de la empatía para que el otro sepa cuándo y cómo debe actuar.

Así que no nos queda más remedio que ser concretas: “cariño esta noche necesito que te levantes cuando llamen los niños”, “abuelos ¿mañana podéis recoger a los niños y traerlos a las nueve?”, “niños, antes de cenar recoger vuestra habitación”.

De esta manera nadie tiene que suponer nuestras necesidades. Todos saben lo que deben hacer y les damos la oportunidad de ayudarnos o expresar sus propios deseos o necesidades.

Y es que las suposiciones no tienen sentido. A veces, si lo hablamos, nos damos cuenta de que lo que pensábamos no era exactamente lo que estaba pasando. Sin embargo, lo hemos sufrido igual que si fuera verdad. ¿cuantas veces no hemos “supuesto” que alguien había sufrido un accidente porque llegaba tarde y luego venía con una explicación de lo más normal? Pues las secuelas del sufrimiento que provoca ese pensamiento son las mismas que si hubiera pasado. Así que nos hacemos más viejas y matamos más neuronas de las necesarias.

Si lo que conseguimos pidiendo ayuda es una excusa es un buen momento para hablar de ello (con niños o adultos) y hacerles ver el sobre esfuerzo al que estamos sometidas, la frustración que sentimos o la necesidad de descanso físico y emocional.

Y si aún así no lo entienden… enséñales este vídeo:

 

¡Feliz sábado!

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Terapia de la risa en familia (truco 5)

niño riendo a carcajadas

Entre los innumerables beneficios que tiene la risa nos podemos encontrar algunos de los que más afectan a las mamás:

  • amortigua el cansancio y el agotamiento
  • ayuda a conciliar el sueño
  • combate el estrés
  • relaja el cuerpo y la mente
  • libera tensiones
  • mejora las relaciones personales
  • y uno muy valioso que en ocasiones echamos en falta: hace que redescubramos la alegría de jugar de nuestra niña interior, por citar unos pocos.

Y otros que afectan también a nuestros hijos:

  • desarrolla la imaginación, la intuición y la creatividad
  • refuerza la seguridad, la autoestima y el sistema inmunitario
  • previene problemas digestivos, alergias, resfriados, etc.
  • Mejora las relaciones…

Y es algo tan sencillo como reírse a carcajadas. Lo que ocurre es que cuando estamos estresadas y/o cansadas nos resulta muy difícil conectar con ese estado emocional que nos lleve a la risa profunda.

Los niños en cambio tienen la extraordinaria capacidad de reírse de cualquier cosa, incluso en las situaciones más tensas. De hecho es posible que estés regañando a tu hijo y él se esté riendo. Esto es un mecanismo de defensa que tienen para interiorizar mejor lo que está ocurriendo sin perder su equilibrio emocional. Algo de lo que deberíamos aprender. Saber reírse en las peores situaciones nos ayuda a desdramatizar y a superarlas más fácilmente.

Una forma de conseguir esa carcajada que tanto necesitamos es aprovechar los momentos en que nuestros hijos se están riendo para  reírnos con ellos. Cuanto más escandalosamente mejor. Los niños lo pasarán en grande. Y aunque sea una risa forzada, el cerebro no la distingue de una auténtica así que los beneficios los notaremos igualmente. Además, la risa es contagiosa. Es posible que lo que comenzó siendo un ejercicio contra el estrés, termine siendo un verdadero jolgorio. Además, cuando hacemos esta terapia de la risa en familia, conseguimos que las relaciones sean más estrechas y fluidas. Por eso, sería interesante que se uniera papá también.

Si estás tan agobiada que no te sientes con ánimo para reírte, no te preocupes. Comienza con una sonrisa… y luego otra, y otra más. Poco a poco sentirás que te resulta cada vez más fácil sonreír. Esto es porque la sonrisa genera endorfinas, que son las llamadas hormonas de la felicidad. Ellas te permiten disfrutar más de la vida estimulando los centros de placer del cerebro que te proporcionan sensaciones placenteras y alivian el dolor y el  malestar. Vamos, que te hacen sentirte de maravilla. Y lo mejor de todo es que cuanta más generas, más ganas tienes de buscar esas sensaciones.

También existen otras muchas actividades que hacen que aumenten tus endorfinas. Jugar, escuchar música, bailar, darse un baño, caminar, quedar con los amigos, hacer payasadas, comer chocolate, tomar el sol, darse un masaje, meditar, hacer yoga, bailar, cantar, pintar, moldear, hacer ejercicios respiratorios, correr, montar en bici, nadar o tener relaciones, entre otras. Cualquiera de ellas vale si nos hace sentir bien.

Y recuerda. Si las haces en familia, muuucho mejor.

Si quieres empezar a reírte ya, mira estos cuatrillizos

Aquí os dejo una lista completa de los beneficios de la risa. Merece la pena intentarlo ¿no te parece?