Cómo tener más paciencia con los hijos

Esto es lo que nos descubre edukame en su revista “El método de la paciencia con hijos”. Una revista de 60 páginas donde nos enseñan cómo conseguir más paciencia con nuestros hijos (por un precio que bien merece la pena).

Revista el metodo de la paciencia con hijos

En ella nos enseñan a involucrar a nuestros hijos en la resolución de los conflictos que surgen a lo largo del día, dirigiendo la escena desde la calma y no desde la agresividad que nos provoca el estrés, la frustración, la soledad, la falta de recursos y tantos otros motivos que hacen que actuemos contra nuestros hijos (hiriéndoles física o verbalmente) y nos sintamos luego tan culpables por ello.

Cuales son las causas que nos hacen perder la paciencia, qué debemos cambiar en nuestro interior para conseguirla, qué ocurre cuando la perdemos y cómo evitar dañar a nuestros hijos por ello, son algunas de las claves que nos descubren.

A diferencia de otros textos, este está escrito por alguien que ha pasado por esto y ha aprendido a gestionarlo:

La energía que intentaba reprimir para no mostrar era la de
mi cansancio que me hacía sentir “que no podía”. Me veía cansada
y agotada hasta tal punto que, muchas noches con mis
hijos, solo veía trabajo y trabajo: atender todas sus necesidades
y peticiones como baños, cenas, comprar, lavadora, preparar lo
de mañana, etc. Pero en lugar de atender esa emoción en mi, la
escondía con el objetivo de que desapareciera pues al fin y al
cabo todo ello pertenecía a mi rol de madre. Lo llevaba bajo control
hasta que aparecían las malditas manchas, que me servían
de válvula de escape para descargar tanta retención (catarsis).
Pero claro, no era la mejor forma, pues era una salida muy destructiva
para mis hijos y que luego a mi me hacía sentir fatal.

Un texto lleno de ternura hacia las madres y padres que, a diferencia de lo que pueda parecer en esos momentos de “locura”, quieren a sus hijos por encima de todo.

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Tu hijo es especial ¡no lo olvides!

SORTEO

 Si alguien me hubiera dicho a mí esto cuando nació mi hijo mayor, quizá hubiera sido todo mucho más fácil.

Cuando me quedé embarazada no sabía nada sobre crianza, alimentación ni desarrollo. Vamos que no sabía absolutamente nada sobre niños. Así que me puse a estudiar todo lo que cayó en mis manos, que no fue poco. Y ahora sí, ya sabía cómo iba a ser todo de ahí en adelante. Uff, por fin. Salvo por un pequeño detalle: nada salió como decían los libros ¡nada!

Para empezar, dormía poquísimas horas. No parábamos de mecerlo y pasearlo en cada siesta para que terminara durmiendo 15 minutos. Sin embargo, de noche podía dormir siete u ocho horas seguidas (nada más nacer), algo peligrosísimo según los pediatras. En cuestiones de desarrollo no siguió nunca las etapas típicas de su edad, unas veces por defecto y otras por exceso. Y en cuanto a comportamiento, siempre me preocupó su excesiva sensibilidad. A la más mínima se compungía.

Conclusión, intentamos todos los métodos para dormirle, para tratarle, para enseñarle pautas de comportamiento… causándonos  y causándole un sufrimiento innecesario, pues esos métodos no estaban hechos para él.

Con el tiempo he descubierto qué le hace tan especial. Algunos lo llaman “niños de alta demanda”. Niños muy sensibles, intensos, absorbentes, de poco dormir… En definitiva, agotadores. Y si piensas que todos los niños son así, como yo misma creí durante mucho tiempo, es que no has conocido aún a un niño o bebé de alta demanda.

Pero lo que más me preocupa es el empeño de catalogar a los niños, anulando su individualidad, haciéndonos creer que visto uno, vistos todos. Y no es así.

Entiendo que todas las teorías tienen sus excepciones, pero cuando la excepción es un bebé o un niño podemos hacerles padecer mucho tratando de que se coman las cantidades recomendadas, pidiéndoles que se duerman cuando su cuerpo no lo necesita, estimulando su desarrollo cuando no están en esa fase o sentándolos en su sillita cuando lo que necesitan es actuar. Y como esto, cientos de teorías más que te dirán lo que tienes que hacer con tu hijo en cada momento.

Así que yo he aprendido la lección. Mis hijos son especiales, tan especiales como los tuyos y como los de enfrente. Porque TODOS son especiales. Y así debemos tratarles… sin manual de instrucciones. Aprendiendo a conocerles y a respetar sus necesidades en cada momento (que para eso está el instinto), sean las que sean y digan los libros lo que digan.

Porque estamos tratando con pequeñas personitas que no necesitan un manual sobre “cómo tratar a tus padres de 40 años”.