Cómo educar sin gritos (Parte IV)

Cómo educar sin gritos (Parte IV – Educando en positivo)

Hasta ahora hemos visto cómo relajarnos y gestionar nuestras emociones para no gritar a nuestros hijos.

 

Los argumentos que nos damos a nosotras/os mismas/os para hacerlo es que “no hacen lo que tienen que hacer” o “se portan mal”.

Pues bien. La Educación Positiva nos va a ayudar a poner límites adecuados y consecuencias lógicas (en vez de castigos) para comunicarnos más eficazmente con nuestros hijos a través del respeto mutuo y conseguir que colaboren y se responsabilicen de lo que hacen.

CÓMO HABLAR CON TU HIJO (desde la educación positiva):

– Ante todo, respétale. Háblale de igual a igual. Nunca le exigirías a tu pareja que hiciera lo que tú quieres. Lo pedirías con calma y en todo caso, lo negociarías ¿no? Pues los niños no son distintos. Necesitan el mismo respeto para aprender a respetar.

– Dale instrucciones claras y sencillas. “Portarse bien” es demasiado ambiguo para un niño. Será mejor decirle “necesito silencio mientras hablo con…”, “necesito que te quedes sentado, mientras hago…” o “en el parque, quiero que estés donde yo pueda verte”

– Díselo en un tono normal, agáchate hasta su nivel y mírale a los ojos. Gritarle desde otra habitación

Cómo educar sin gritos (Parte III)

Si aún no has leído Cómo educar sin gritos, Parte I (Introducción), puedes hacerlo aquí.

Si aún no has leído Cómo educar sin gritos, Parte II (Relajación), puedes hacerlo aquí.

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Cómo educar sin gritos, Parte III

(Gestión de la ira)

En el capítulo anterior vimos cómo relajarnos para no llegar a los momentos de crisis con demasiada tensión acumulada. Esto es muy importante ya que nos ayuda a mantener la serenidad más tiempo y en mayor número de ocasiones.

Sin embargo, no es suficiente.

A menudo, lo que nos hace perder los nervios en determinadas situaciones no es el estado anímico anterior a dicha situación. Podemos estar andando tranquilamente por la casa y de repente convertirnos en una especie de “monstruo iracundo” por el simple hecho de ver “churretes” de, vete a saber qué, sobre el sofá.

Es posible que el sólo hecho de estar relajadas/os nos ayude a no tomarnos las cosas tan a la tremenda. O que nos ayude a mantener la calma a pesar de la ira que sintamos. Aunque lo que realmente nos va a ayudar profundamente es gestionar esas emociones de una manera adecuada.

La ira es una emoción muy intensa y veloz. Te domina y se va rápidamente. Normalmente suele aparecer cuando estamos más cansadas/os (irritabilidad) o frustradas/os porque no salen las cosas como queremos (resentimiento).

Lo primero que debemos entender es que sentir ira no es algo negativo ni positivo. Es algo que simplemente ocurre y, pretender no sentirla es el principal error que cometemos. Las emociones son imprescindibles, nos ponen el foco de atención sobre algo para que reaccionemos y lo superemos de la manera más favorable para nosotros. Nos está diciendo que lo que pasa es una amenaza (para nuestra vida o nuestra personalidad).

En el caso de los niños, es fácil sentirnos amenazados. Nos recuerdan constantemente que no sabemos hacerlo tan bien como pensábamos, que es más difícil de lo que creíamos. Nos hacen dudar, retroceder… Y sentir esa amenaza es bueno. Nos hace estar siempre alerta, no dejar de buscar nuevas soluciones, aprender de los errores.

Lo que no es tan bueno es lo que hacemos para desahogar todas esas emociones, así que vamos a aprender a gestionarlas sin hacer daño a nadie ni a nada.

Para ello, vamos a:

PARAR Y CONTAR:

Como hemos dicho, la ira es una emoción muy rápida. Una vez que estás inmersa en ella, no te deja pensar por lo que ya no podrás controlar tus impulsos. Así que, cuando sientas ganas de gritar, paralízate. No te muevas. Cuenta hasta diez respirando muy lentamente. Suele venir bien expulsar el aire como si sopláramos una vela. En diez segundos la ira desaparecerá. Seguirás enfadada/o ya que no has solucionado el problema, así que sigue manteniendo la respiración y el tono de voz bajo.

ABANDONAR LA ESCENA:

Si esto no funciona o no somos capaces de controlar nuestra respiración y contar hasta diez, lo mejor será abandonar la escena un momento. Puedes explicarles a tus hijos de antemano que si te enfadas, te irás de la habitación para calmarte pues no quieres herirles. Podéis pactar una señal, como tiempo muerto, para avisarles de que te vas a marchar para desahogarte.

Busca  un lugar tranquilo y expresa tu rabia. Pataléa, grita (si no te oyen tus hijos), pega a una almohada, salta, corre… Lo que sea que te haga sentir mejor. Estás en tu derecho de sentirte así. No te sientas culpable ni avergonzada/o por ello y sobre todo, no lo reprimas. Acepta tu ira, todo el mundo la siente en algún momento, no pasa nada.

EMPATIZAR:

Ponte en su lugar. Lo que tú ves como una falta de respeto, un ataque hacia tu persona o un desafío, pueden ser simplemente nervios porque llega su cumpleaños o viene visita. Recuerda siempre que  son niños y aún tienen mucho que aprender. Gestionar las emociones adecuadamente es algo muy difícil para alguien racional y adulto. Para un niño completamente emocional es todo un misterio que debe desvelar poco a poco, con ayuda y comprensión.

CAMBIAR TU DIÁLOGO INTERIOR:

Frases como “ya empezamos”,  “otra vez con lo mismo”, “como se atreve”, “se va a enterar”… sólo sirven para avivar el fuego. Nuestro diálogo interior es el que nos hace saltar a la más mínima chispa, pues no estamos reaccionando por el hecho en sí, sino por todo lo que estamos pensando.

Intenta reaccionar a lo que está pasando como si fuera la primera vez. Aunque ya se lo hayas dicho miles de veces, está claro que no ha funcionado. Frases como “voy a solucionarlo”, “yo puedo hacerlo”, “encontraré una solución”… te permitirán afrontar la situación con más fuerza y optimismo.

BUSCAR LA CAUSA REAL DEL ENFADO:

Cuando estés más tranquila/o, busca la causa real de tu enfado. No han sido las manchas en el sofá, seguro. Eso sólo ha sido el detonante. Analiza en que situaciones te sientes así y podrás encontrar un patrón. Algo que se repite.

EXPRESAR EL ENFADO:

Exprésalo. Dile a tus hijos lo que te molesta realmente: Que no te ayuden a limpiar, que no coman en la cocina, que no te dejen descansar….

Será más positivo para ellos que después de decirles lo que te molesta, les digas lo que esperas de ellos: Espero que cuando manchéis algo, lo limpiéis inmediatamente; espero que comáis sentados para no manchar los muebles; necesito que juguéis a algo tranquilo para que pueda descansar un rato…

COMPARTIR EL ENFADO:

Busca a alguien con quien hablar de todo esto. A menudo, las mamás (y papás) no solemos hablar de lo que nos molesta o lo que nos frustra porque sentimos que es lo que nos toca. Así que nos lo tragamos hasta que ya no podemos más y es cuando explotamos de manera incontrolada. Si lo hablas con alguien, verás cómo te sientes mejor, no acumulas rencor y encuentras alguna solución duradera. Puedes llegar a acuerdos con tu pareja, con otras mamás  o algún familiar para tener más tiempo libre o para ayudaros mutuamente.

Si te ha sido útil, escribe un comentario y comparte tus pensamientos. Si lo haces, ayudarás a muchas mamás (y papás) a superar esta etapa de sus vidas.

Si no estás de acuerdo con algo o quieres matizarlo, te invito a que lo comentes libremente. Estamos aquí para debatir y crecer.

Cómo educar sin gritos (Parte II)

Este es uno de los retos que toda madre (y padre) debería proponerse.

Conseguirlo cambiará tu vida y la de tus hijos ahora y en el futuro. Y es que muchos de los problemas de la adolescencia provienen de una comunicación inadecuada entre padres e hijos y es en edades más tempranas cuando podemos prevenirlo.

Por otra parte, educar sin gritos te enseña a ti tanto como a tus hijos, pues ellos también necesitarán aprender a relajarse, a gestionar sus emociones y a comunicarse adecuadamente. Herramientas que aprenderán de ti, si tú las aplicas en tu día a día. Y no se puede enseñar algo que no se sabe.

Si aún no has leído Cómo educar sin gritos (Parte I), puedes hacerlo pinchando aquí.

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Cómo educar sin gritos, Parte II

(Relajación)

Aprender a educar sin gritos requiere mucho esfuerzo y trabajo por tu parte y será un camino largo. No te desanimes si no lo consigues a la primera o si después de un tiempo vuelves a recaer. Lo importante es ser consciente de que puedes conseguirlo y de la importancia que eso tiene.

Relajarnos va a ser el primer paso para no descargar toda nuestra tensión sobre nuestros hijos, ajenos a nuestro cansancio, nuestras frustraciones y nuestro estrés.

Ejercitarlo a diario nos ayudará a mantener la calma justo en ese momento en el que sentimos esas ganas irrefrenables de gritarles, aprendiendo poco a poco a controlar ese impulso.

¡¡¡Súmate al reto!!!

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Ejercicio 1: Respiración abdominal

Relaja el abdomen todo lo que puedas.
Coge aire lenta y profundamente por la nariz, de tal forma que notes cómo se llenan tus pulmones y también tu abdomen.
Cuenta hasta 5 y suelta el aire por la boca muy lentamente.
Repítelo durante al menos 5 minutos.
Este ejercicio te proporciona una buena dosis extra de oxígeno y con poco entrenamiento puede que te sientas algo mareada, así que lo ideal es que vayas aumentando 1 ó 2 minutos cada día hasta llegar a los 20 minutos aconsejados.
Si tienes tiempo, lo mejor es hacerlo nada más levantarte ya que hará que el día empiece con buen pié. Sin embargo, sé que estás muy ocupada, así que puedes aprovechar para hacerlo justo al acostarte. No te quitará mucho tiempo y conseguirá que duermas mejor.
Ejercicio 2: Me siento agua

Respira muy lentamente con los ojos cerrados durante al menos 3 minutos. A partir de ese momento, empezarás a distinguir los músculos de tu cuerpo que acumulan mayor tensión.
Aún con los ojos cerrados y consciente de tu respiración, imagina que tus músculos están rellenos de agua. Puedes imaginar todo tu cuerpo o visualizar cada músculo por separado, enfocándote en aquellos puntos que más te cuesta relajar. Te será imposible seguir tensándolos. El agua simplemente fluye.

Ejercicio 3: Relajación muscular

Justo antes de perder los nervios, solemos sentir una gran tensión muscular. Aprender a identificar esa tensión y dónde se acumula nos ayudará a controlar el impulso de gritar y hacer daño.
Para ello, vamos a tensar cada grupo de músculos durante 10 segundo aproximadamente y luego lo destensamos hasta dejarlo totalmente relajado. Si no lo conseguimos volveremos a hacer el ejercicio 1 y lo intentamos de nuevo.
Lo ideal es que lo realices tumbada/o. Empezamos apretando los dientes (1, 2, 3… hasta 10) y aflojando. Cuello hundido, hombros agarrotados, brazos contra el cuerpo y puños apretados (1, 2, 3… hasta 10) y aflojamos. Zona pélvica, apretamos los músculos (vajina, pene, ano…) hacia adentro como si quisiéramos retener (1, 2, 3… hasta 10) y relajamos. Piernas estiradas y tensas, pies agarrotados(1, 2, 3… hasta 10). Relajamos.
Repítelo varias veces.
Si lo realizas cada día, tu mente recordará lo que tiene que hacer después de tensar los músculos y los relajarás de una manera casi automática, evitando que la tensión vaya a más.

Ejercicio 4: Imagen mental

Seguramente recuerdas algún momento de tu vida, un solo instante quizás, en el que sentiste auténtica paz. Una relajación total de la mente. Ese atardecer en una playa casi desierta, ese amanecer junto a alguien especial, esa semana de meditación, ese viaje,…. Una imagen en tu mente que al recordarla te hace sentir de nuevo esa paz inmensa. Es lo que se llama “un anclaje”.
Todos deberíamos tener uno. Si no lo tienes, búscalo. Encuentra el momento de hacerte con ese instante de paz que te valdrá para siempre. Ya no tendrás que vivirlo, sólo con recordarlo sentirás las mismas emociones… una y otra vez.
Cuando la tengas, recurre a ella siempre que lo necesites. En los momentos de estrés, cuando ya no puedes más y sobre todo, cuando tengas ganas de gritarle o hacerle daño a tus hijos.

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Espero que lo disfrutes y lo apliques en tu día a día. A mí me funciona de maravilla y mi familia lo agradece casi más que yo.

Si te ha gustado este post, puedes dejarme un comentario aquí. Así, ayudarás a otras personas a superar este difícil reto.

¡¡¡No te pierdas el próximo capítulo!!! Traigo cosas muy interesantes.

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¡¡¡Nos vemos pronto!!!

Cómo educar sin gritos (Parte I)

Conseguir que nuestros hijos nos hagan caso no es tarea fácil.

A menudo recurrimos a los gritos (en el mejor de los casos) en un intento desesperado de llamar su atención y hacerles “entrar en razón”. Algo que, no sólo no conseguimos, sino que nos hace sentir mucho peor.

Sabemos que ese no es el camino ya que gritar continuamente a los niños:

– Daña su autoestima.

– Les aleja de nosotros, ya que perdemos su confianza.

– Les enseña un patrón de conducta a imitar en el futuro.

– No genera respeto ni autoridad, sino miedo.

– Les hace estar nerviosos y estresados.

– Les acostumbra a vivir con gritos y dejan de llamar su atención.

– Les convierte en niños tristes o por el contrario, rebeldes.

Sin embargo, no encontramos la manera de solucionarlo.

Si queremos que nuestros hijos modifiquen lo que consideramos un comportamiento inadecuado, debemos primero aprender a modificar el nuestro. Sólo si aprendemos a controlar nuestros propios impulsos estaremos en condiciones de enseñar a los más pequeños cómo se hace.

Para ello, vamos a aprender paso a paso:

1. A relajarnos. Conseguir esa armonía entre cuerpo y mente nos ayudará a detectar el momento en que empieza a aflorar la tensión para poder desahogarla antes de que vaya a más.

2. A gestionar adecuadamente la ira. Emoción que suele aparecer debido a la frustración, el cansancio o el resentimiento. Para ello, debemos comprenderla, asumirla y expresarla de manera que no dañe a nadie.

2. A educar en positivo (sin autoritarismo ni permisividad) para conseguir una autoridad basada en el respeto mutuo, poniendo límites y reglas claras que ayuden al niño a crecer con coherencia y amor.

Dada la complejidad y extensión del tema, he preparado 3 artículos independientes para desarrollar en profundidad cada uno de los 3 puntos.

Si eres una mamá (o papá) que grita a sus hijos y quieres dejar de hacerlo, o si por el contrario ya lo has conseguido y quieres ayudar a otras personas de tu entorno, suscríbete aquí a mamasinestres y recibirás los artículo en tu correo una vez a la semana (contenido exclusivo para suscriptores).

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Responde a esta pregunta y te estarás ayudando

La idea es muy sencilla. Si estás aquí es porque tienes dudas, buscas más información o no consigues resolver algún problema relacionado con tu maternidad. Y para poder ofrecerte todo mi apoyo y ayuda necesito saber la respuesta a esta simple pregunta:

¿Qué necesitas saber (duda, problema o aspecto mejorable) relacionado con tu maternidad?

Puede ser que busques información sobre cómo alimentar correctamente a tu familia, o que necesites organizar mejor tu tiempo o tu casa, o que busques técnicas de autocontrol o control del estrés o de la frustración, o quizás tienes dudas sobre la crianza de tus hijos, o te gusta probar nuevos trucos de limpieza o nuevas recetas para tus peques, o no tienes tiempo para leer y te gustaría saber qué dicen los demás sobre estos temas. Las posibilidades son infinitas. Ninguna respuesta es mala.

¿Y cómo puede esto ayudarte? Pues muy sencillo.

BENEFICIO Nº 1: Contestaré lo más rápidamente que pueda a tu comentario. Te daré una orientación sobre los pasos a seguir para solucionar tu duda, problema o aspecto mejorable.

BENEFICIO Nº 2: Conseguirás una información mucho más especializada a partir de ahora ya que este blog está en proceso de crecimiento y va a enfocarse en necesidades mucho más concretas.

Si piensas que esto puede ayudarte, adelante. Responde a la pregunta en el apartado de comentarios.

Lo que otros pueden enseñarnos

Blogs interesantes por…

Mamá que sabe (educación, inteligencia emocional, juego…)

Lo más interesante es su filosofía de vida.

Ha cerrado para dar paso a su siguiente blog, pues ha crecido como madre. Sin embargo, tiene material suficiente para que os paseéis un buen rato.

Explorando la maternidad (organización del hogar, desarrollo personal…)

Ahora mismo regala un curso sobre gestión del tiempo orientado a las mamás.

Emocreativos (educación positiva, creatividad, educación emocional…)

Como buena diseñadora que soy (yo no tengo abuela), no podía faltar este fantástico blog que mezcla emociones, niños y creatividad. Un imprescindible.

Estoy trabajando en la nueva página

Hola amigas.

Desde diciembre no escribo nada en el blog y, aunque parezca que lo tengo abandonado, nada más lejos de la realidad. Estoy creando una nueva página. Más limpia, mejor organizada y muy enfocada a lo que quiero transmitir: que podemos librarnos del estrés que produce la maternidad, que podemos disfrutar plenamente de nuestros hijos y de nuestra vida y que podemos aprender a gestionar mejor nuestras emociones y educar a nuestros hijos en esa dirección.

Como veis, es un proyecto ambicioso y me está llevando mucho tiempo así que sólo os pido paciencia.

nuevo blog mama sin estres

He querido darle un aire alegre y optimista puesto que es así cómo me siento cuando pienso en el crecimiento personal tan brutal que puede ser la maternidad. ¿qué os parece?

Qué regalar esta Navidad

Ya está aquí la Navidad. Y con ella, las vacaciones de los peques.

Por fin los niños estarán en casa, disfrutando de los días más fantásticos del año. Días llenos de magia, ilusión y juego.

niña navidad

¿Por qué será que la Navidad les ilumina de esa manera tan especial?

Quizás sean las luces de colores, los árboles, los belenes… O los cuentos de Navidad, Papá Noel y los Reyes Magos. No, no. Seguro que son los regalos, los juguetes que inundan la habitación, la multitud de colores, formas, tamaños y sonidos ¿A que sí? Pues no.

Lo mejor de las luces de colores es que papá y mamá me llevan de paseo, sin prisas. Y me dedican SU TIEMPO.

Lo mejor de Papá Noel o los Reyes Magos es que papá y mamá me cuentan historias, escriben cartas conmigo y ME ESCUCHAN cuando les cuento lo que quiero, lo que me gusta.

Y sobre todo, lo mejor de los regalos es ver a papá y mamá mirándonos, sonriendo, PARTICIPANDO. Nos ayudan a abrirlos, a usarlos, a montarlos. Se agachan, se tiran por los suelos. Hacen lo que haga falta para que nos ilusionen.

Entonces ¿por qué nos empeñamos en colmarles de juguetes en vez de colmarles de tiempo, dedicación y juego? Los niños que juegan con sus padres son más felices y más creativos. Aprovechemos pues las vacaciones para jugar, jugar y jugar… y hacerles felices. Esa es la verdadera magia de la Navidad.

Si lo haces, verás los increíbles beneficios que tiene.

PARA ELLOS:

  • Los niños que juegan con sus padres crecen más sanos (emocionalmente) y se relacionan mejor con los demás.
  • Son menos agresivos y más creativos.
  • Tienen vínculos afectivos más sólidos y duraderos.
  • Desarrollan más la memoria y la concentración.
  • Se desarrollan a todos los niveles: cognitivo, emocional, funcional, moral…
  • Tienen más éxito en la escuela.
  • Tienen más posibilidades de ser felices.

PARA TÍ:

  • Te facilita su educación. Jugando aprenden a gestionar la frustración, a seguir las normas, a esperar su turno, a ser responsables, autónomos…
  • Jugando les trasmites tus valores personales: generosidad, respeto, solidaridad, tolerancia,…
  • Compartir su juego te ayuda a conocerles mejor, a comprenderles, a aceptarles.
  • Jugar con ellos mejora vuestra comunicación. En la adolescencia lo agradecerás.
  • Construyes para ellos recuerdos inolvidables. Un regalo para toda la vida.
  • Abandonarte al juego con ellos te desestresa, te relaja, te hace reír, te rejuvenece…
  • Y sobre todo… jugar con ellos les hace felices. Y no hay mayor felicidad que hacer feliz a alguien.

Así que, tú eliges. Juguetes o tiempo.

Si has elegido tiempo ¡Felicidades! Estás invirtiendo en lo que más quieres.

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Si tienes hijos menores de 6 años y quieres aprender cómo jugar con ellos, te puede interesar la revista digital “¿Juegas conmigo?  de logo edukame.

juegas conmigo

En sus 60 páginas te enseñan cómo fortalecer sus lazos afectivos contigo, jugando. Conocerás cuáles son los tipos de juegos que ayudan a su mejor desarrollo físico y emocional y cuál es la mejor manera de jugar con ellos, cómo intervenir en su juego. Resolverá tus dudas sobre la frustración que siente tu hijo al perder, sobre el problema de no compartir, sobre el exceso de juguetes, etc… Y aprenderás juegos simples (con pocos recursos) y muy efectivos, para esas tardes caseras que se avecinan estas navidades ¡El juego y la diversión estarán asegurados!

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Día del Niño

Hoy también es el día del niño

Porque los niños tienen derechos TODOS LOS DÍAS.

Porque LOS ADULTOS tenemos la OBLIGACIÓN de defenderles durante TODA SU INFANCIA.